Publicado por José Janés en noviembre de 1943, dentro de la colección Al Monigote de Papel.
Título original: Giovinotti, non esageriamo!
Traducción del italiano por J. Abril.
203 páginas (ADE).
Napolitano de origen, y nacido en Roma en 1899, Achille Campanile es en la actualidad el más afortunado heredero del gracejo y la vivacidad que por espacio de incontables siglos han constituido el patrimonio de los pueblos meridionales. Pone su ardiente sensibilidad de humorista (a la que no es ajena una cierta influencia de nuestro Ramón Gómez de la Serna) y su personalísimo temperamento literario, al servicio de una fantasía que ha renunciado al reposo, pero que no hipoteca nunca su claridad de expresión. Nada menos intrincado que una novela de Campanile, pero, también, nada más inverosímilmente disparatado. La fulminante rapidez con que elabora el malabarismo de sus efectos cómicos —que por ser ágiles y elegantes excluyen todo asomo de grosería y vulgaridad—, impone a cada novela de Campanile tal acumulación de episodios y peripecias, que el lector no puede por menos de preguntarse con frecuencia hasta qué grado dentro de lo fantástico le llevarán los siguientes capítulos. Con ¡Jovencitos, no exageremos!, el humorismo de Achille Campanile hace un nuevo alarde de originalidad al irrumpir en un terreno en el que la mayoría de los escritores han hecho escasas incursiones: el deporte futbolístico. Todo lo que pueda ser blanco de ironías en un campo de fútbol, desde la última gradería hasta el mismo centro de la pista, incluyendo al balón y al silbato del árbitro, queda anotado en las páginas de ¡Jovencitos, no exageremos!, con la precisión de una cámara fotográfica que estuviera dotada del poder de caricaturizar y satirizar las innumerables incidencias de un partido.
